La democracia.
Cada modelo de sociedad tiene una forma concreta de organizarse tanto políticamente como económicamente. Por norma general el modelo económico determina el sistema político, por lo que podemos llegar a la conclusión de que la democracia representativa tal y como está constituida actualmente en nuestras sociedades occidentales sirve a los interes del libre mercado, y no tenemos que dudar ni por un minuto que si el capitalismo entiende que la democracia parlamentaria y representativa no le es retable, hará lo posible para sustituirla por un régimen más opresivo. De hecho la historia está llena de ejemplos que dan fe de ello, desde el “alzamiento nacional” del general Franco en 1.936, hasta el golpe de estado de Pinochet en 1.973, por lo que podríamos decir que el el fascismo no es más que una manifestación del capitalismo cuando este peligrar su futuro.
En la actualidad nos econtramos ante una paradoja histórica, por un lado el capitalismo no plenamente consciente del desastre ecológico y humanitario que acecha a la Humanidad, los ideólogos del sistema están demasiado ocupados por las ganancias económicas para preocuparse sobre minudeces, la democracia representativa ya les va bien, acalla las posibles protestas que se pudieran producir contra el régimen, y justifica su poder, impidiendo cualquier posibilidad de cambio social. Por otro lado nos encontramos ante la pasibidad social de una población que cada día que pasa ve más acrecentad la distancia que separa a las personas de la calle con sus supuestos representantes políticos. Así las cosas nos encontramos ante unos poderes económicos que se mantienen en las sombras a los cuales ya les está bien el actual sistema de organización política e institucional, y por otro lado una población civil que cada día que pasa se implica menos en los asuntos colectivos delegando funciones en unos políticos que viven alejados de la sociedad a la cual supuestamente representan.
En el mundo no existe nada estático, las cosas o evolucionan o involucionan, o avanzas o retrocedes, esta es una ley físisca que se puede aplicar a todos los campos de la vida y por lo tanto también a la política. Aparentemente nuestra democracia está estancada, pero solo aparentemente, en realidad está retrocediendo, involucionando hacia cuotas cada vez más autoritarias, cuando hablo de autoritarias no me refiero solamente a un fascismo de nuevo cuño que se ve reflejado - sobretodo- en el racismo sociológico de nuestras grandes ciudades, sino también en la falta de oportunidades de los jovenes para independizarse y acceder a una vivienda, en los parados de más de 45 años que no encuentran un trabajo, en las mujeres que en silencio soportan los malos tratos de sus maridos porque no tienen libertad económica, porque el único trabajo que encuentran es el de “señoras de la limpieza”, en nuestros ancianos que malviven con una pensión infrahumana, el de nuestros niños víctimas de un sistema educativo antilibertario en donde prima la competitividad por encima de la solidaridad entre compañaeros. Y por si eso no fuera poco todas estas injusticias se viven en mundo cada vez más artificia, en unas grandes ciudades que cada día se alejan más de la naturaleza y se parecen más a un cementerio gris de hormigón, humo y asfalto. No creo en las grandes teorías que han de salvar al mundo, apuesto por que la práctica determine la palabra escrita, aunque eso sí es necesario unos principios sirvan de punto de partida. Quizás estos principios sean los de una mayor libertad política que se manifieste en una democracia más directa y participativa que dé voz a aquellos que hasta ahora no la tienen, una democracia que no se limite al terreno administrativo, como pretende el sistema liberal, sino que también abarque el terreno económico, es decir una planificación democrática ecológica y libertaria, de los medios de producción y de distribución para que ellos se adapten a las necesidades reales de la población y no a las manipulaciones de la publlicidad. En definitiva tenemos que apostar por una democracia participativa y económica que abarque todos los aspectos de nuestra vida en comunidad, y que no se limite a elegir una u otra papeleta cada cuatro años. Sino avazamos por la senda de la democracia participativa y directa, retrocederemos por el comino del autoritarismo.
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