Durante el siglo XIX el pensamineto humano vivió una se las mayores revoluciones de la Historia, esta transformación del modo de percivir la realidad encuentra sus raíces en la Ilustración, en el llamado Siglo de las Luces, y entre sus impulsores, encontramos una serie de pensadores que conocemos con el nobre de enciclopedistas, los cuales, sin lugar a dudas influenciaron de una manera notable en los primeros años de formación intelecctual de Kropotkin. Esto hizo que durante toda su vida el pensador ruso intentara de revestir su pensamiento de un caracter científico, tal posicionamiento le llevó a un cierto enfrentamiento intelectual- sinpre desde el mutuo respeto- con su colega de andanzas libertarias E. Malatesta, el cual consideraba que la ciencia era algo no acabado, digamos que su postura la podríamos calificar en lo que hoy consideramos como agnosticismo, aunque Malatesta en algunos de sus escritos se consideraba ateo. En todas las etapas históricas de la humanidad ha existido una novedad intelectual, que precisamente por ser nueva ha causado más admiración, en el caso del siglo XIX esta novedad fue el pensamiento científico, entedido como materialismo, empirismo, y positivismo, por lo que no es de extrañar que Kropotkin se sumara a la ilusión desbordante de aquella línea de pensamiento, y m´´as si tenemos encuenta que Europa salía de una época de obscurantismo irracional y manipulacion mental por parte de las religiones que dominaban la vida pública y que habían desvirtuado la espiritualidad, para que esta sirviera a sus intereses que no eran otros que el poder y el dinero como acertadamente denunció en su día L. Tolstoi. Hoy la ciencia ha evolucionado, como todo en la vida, y continuará haciéndolo en el futuro, los conceptos que hasta no hace mucho eran inamovibles, hoy se tambalean ante los nuevos descubrimientos, como sucede con la Teoría de la Relatividad o la física cuántica. Pero esto no quiere decir que el pensamiento científico de Kropotkin ya no sea válido, sino que tiene que ser emarcado en un determinado contexto histórico, en su libro “Ciencia moderna y anarquismo” refleja hasta que punto intentó de unir sociología, política, y ciencia de una manera muy brillante.
Para intentar de ilustrar hasta que punto los científicos de finales del siglo XIX y comienzos del XX se interesaban por las diferentes problemáticas sociales, al contrario de lo que actualmente estamos acostumbrados, voy a reproducir parte la introducción del libro del libro del Doctor Enrique Lluria “Evolución Super-Orgánica” escrita por el neurólogo Santiago Ramón y Cajal.
Introducción al libro de Enrique Lluria ” Evolución Super-orgánica”
Haciéndome el Dr. Lluria la merced de graduarme en competente en materias sociológicas, me invita amablemente a consignar mi opinión sobre el presente libro, sonsagrado alestudio de las causas antropológicas de la llamada cuestión social.
Semejante requerimiento me pone en grave aprieto, pues sobre yo lego en la ciencia creada por A. Comte y desarrollada por H. Spencer, me he preocupado muy poco, o, mejor dicho, no he tenido tiempo de preocuparme, de la evolución moral e intelectual del hobre considerando en sus relaciones con Sociedad y el Estado. Abeja obrera de la gran colmena humana, me he limitado buenamente a librar en el jardín de la Naturaleza, para fabricar mi pequeña e individual celdilla, dejando que otros, con visión aquilina y genio sintético, tracen la la prespectiva y hagan la filosofía de la obra común, marcando los futuros del enjambre humano.
Pero como en este caso mi silencio constituiría inmerecido desaire, voy a corresponder a la honrosa invitación, exponiendo, sin aires dogmáticos ni miras sugestivas, mis impresiones íntimas sobre la doctrina desarrollada por el Dr. Lluria, y la solución , todavía harto remota, del pavoroso problema social.
Estoy enteramente de acuerdo con la parte crítica del presente libro. Tiene su autor razón que le sobra al declarar que la Humanidad actual, el organismo superhumano, como el Dr. Lluria la llama, se ha apartado desdeñosamente de la Naturaleza, habiendo ocasionado esta sistemática y perpetua violación de las leyes evolutivas, irritantes desigualdades y torturantes dolores y miserias.
El hombre socias de hoy, adulterado por la morbosa adaptación al capital, viene a ser una mezcla extraña de civilización y barbarismo. Piensa y siente, al parecer, como un cristiana, pero obra a la manera de un ciudadano de las aristocráticas e inhumanas Repúblicas antiguas. La esfera de la inteligencia ha crecido tantao como menguado la de la voluntad.
Cada día más refractaria al sentimiento de la justicia, la socidedad actual nos da el triste y pardójico espectáculo de un mundo al revés; arriba entronizados y nenerados, el vicio y la holganza; abajo, luchando con el hambre y el dolor, los laboriosos y los útiles, es decir, las cabezas que según diría Spencer, han adaptado mejor, aguijonandos por la dura necesidad, soberano escultaor de la arcilla nerviosa, las relaciones dinámicas internas a las externas. de donde la inevitable decadencia y estancamiento de la raza humana; puesto quelas organizaciones superiormente adaptadas, consumidas por el sobretrabajo y la miseria, caen en la esterilidad o dejan ruin descendencia diezmada por las imperfecciones; en tanto que, por lo contrario, los zánganos, los inadaptables, los indigentes de espíritu, ahitos de placeres, incuban prole robusta, perpetuando de esta suerte el peso muerto de la máquina social.
No rige, pues, para el hombre civilizado los principios de la selección del más apto ni prevalece en la lucha por la vida la casta de los mejores; antes bien, según dice atinadamente el Dr. Lluria, la adaptación se ajusta a una condición artificial extraorgánica, porcierto desconocida por el resto de la animalidad, y semillero inagotable de estancamientos, retrocesos y organizaciones aberrantes, a saber; la adquisición y goce del capital con el fin exclusivo de garantizar la perennidad de la holganza de unos pocos y el aumento incesante de los parásitos de trabajo. Con el tipo humano, oscilando perpetuamente de la miseria a la abundancia y desde la anemia a la plétora, viene a se algo extraño e incompatible; una especie de vesánico aquejado de rara manía de imponer el ahambre a los demás para procurarse la soberana coluptosidad de suicidarse de hartura.
De acuerdo con el autor, etimo que los únicos capitales antropológicamente legítimos son la organización humana y las fuerzas de la Naturaleza, factores de producción que no podrán marchar en consonacia con la justicia y la ley evolutiva, sino a condición de ser colectivamente fomentados y administrados. La tierra para todos, las energías naturales para todos, el talento para todos; he aquí la hermosa divisa de la socidedad del porvenir. Urge, pues, según el Dr. Lluria declara, reintegrar el hombre en las leyes de la evolución, devolver el capital, sustentado en provecho de unos pocos, el acervo común de la colectividad, continuar, en fin como diría Cánovas, la historia viológica de la raza humana, estancada por el egoísmo y la injusticia de tres mil años de civilización.
Pero ¿ es esto posible ? Caso de que no represente un bello y halagador ensueño, ¿ cómo se realizará? El poderoso, expropiado piadosamente en provecho común, ¿ se resignará a la mediocidad? ¿ No tirarán acaso de su corazón, armando sus manos iracundas, atavismos de autócrata destronado y el instinto secular de la hormiga esclavista? Y si hay que reprimir por la fuerza estas peligrosas nostalgias del ocio mal domado, ¿ no se verá la futura sociedad obligadas a nuevas guerras de clase, con el consiguiente gusto abrumador de soldados y cañones yel rremediabre sobretrabajo de los mejores? Y aun en la hipótesis seductora de se setablezca la calma y el mundo se transforme en vasto taller, presidido por la moderació y el amor, ¿cómo se evitará el instinto sexual, laborando sin freno ni previsión, arroje a la vida millones de bocas famélicas, carga abrumadora de la sociedad y peligro constante de la colecctiva? ……
Hasta aquí una pequeña muestra de lo que en realidad es un texto mucho más extenso, escrito a principios del siglo XX por Santiago Ramón y Cajal, el cual muestra como los científicos de su época no eran ajenos a las problemáticas sociales, como desde la libertad de pensamiento e independencia de espiritu, abordaban temas como el control de la natalidad, la desigualdad social fruto del mal uso y reparto del capital, la lucha de clases que tales injusticias provocan, y esa gran holgazanería parasitaria de las clasese adinaradas y explotadoras, cuyo único interés enfermizo es el acumular dinero en una cuenta bancaria, o simplemente no hacer nada, es decir vegetar esperando que los demás trabajen por ellos co si aun estuvieramos en la época de la esclavitud.
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